Viernes Santo: Él se entregó por nosotros

Como comunidad celebramos, este Viernes Santo, la Pasión de Jesús.
La celebración de este día tiene un carácter especial, ya que no es una misa, sino que en distintos momentos realizamos diversos signos muy fuertes que nos ayudan a acompañar a Jesús en su entrega por nosotros. La celebración se divide en cuatro partes, cada una de ellas con un significado muy especial: la liturgia de la palabra contiene el relato de la Pasión según San Juan. Posteriormente la oración universal nos invita a rezar por todo el pueblo de Dios. Luego continúan los ritos de adoración de la cruz. Y por último la comunión, que se realiza con las hostias consagradas el día jueves.

Compartimos con ustedes las palabras del P. Julio en su homilía para este Viernes Santo:

“Es el propio Jesús quien desde vivir todo lo que hemos escuchado, su Pasión, había afirmado a sus discípulos y nos lo recordaba el P. Director en la misa de ayer del Jueves Santo, hábía afirmado con énfasis: Nadie me quita la vida, yo la doy.
Nosotros vivimos en una sociedad en la que corremos el riesgo de que nos quiten la vida, porque doblando en la esquina, caminando por la vereda, estando en la casa, saliendo de ella, yendo en el ómnibus o andando por las calles y rutas, estando en el trabajo o saliendo de la escuela, con un simple disparo, por el deseo ambicioso de tener algo, nos pueden quitar la vida. Y puede así concluir un proyecto de vida que veníamos amazando en la cotidianeidad, con un esfuerzo de mucho amor y de empeño, todos los días. Así quedan muchas vidas sin sentido, porque se pierden.
Sin embargo, nosotros, discípulos de Jesús, no nos tenemos que quedar con eso, porque nadie nos quita la vida, nosotros la damos. Entonces tenemos que ir aprendiendo de Jesús cómo dar la vida, cómo dar vida. Él ha venido para que sus obejas tengan vida, y la tengan en abundancia. Es el título del plan pastoral de nuestro año diocesano. Entonces nosotros, cada una de sus obejas, tenemos que aprender esto, a dar vida.

En esta cultura de muerte, como la definía Juan Pablo II, en la que stamos inmersos; y en esta cultura del “sin sentido” del relativismo en la que tanto insiste nuestro Sumo Pontífice, Benedicto XVI, nosotros estamos también sujetos a esta tentación, a dejar que pase el tiempo y no vivir, a dejar que pasen las cosas y no que las vivamos. Entonces tenemos que aprender a que no nos quiten la vida. A que la demos, a que la entreguemos, a que la ofrezcamos.

Por eso tiene tantísimo sentido cuando un hombre le da la vida a una mujer; por eso tiene tantísimo sentido cuando un hombre y una mujer dan la vida a un hijo; por eso tiene tantísimo sentido cuando un hijo recibe, agradece y cuida la vida de sus padres; por eso tiene tantísimo sentido cuando un novio se juega la vida por su novia; por eso tiene tantísimo sentido cuando un amigo o una amiga ayudan a que su amigo no se alcoholice ni se drogue, ese da la vida; por eso tiene tantísimo sentido cuando en las casa se cuida a nuestros abuelos y nuestras abuelas, cuando se cuida su vida; por eso tiene tantísimo sentido cuando en el esfuerzo de todos los días vas construyendo tu proyecto de vida, estudiando y trabajando, esforzándote y creciendo; por eso tiene tantísimo sentido cuando tu proyecto de vida incluye a los demás, y sos capaz de dejar un sábado y domingo para acompañar un grupo de chicos y chicas para que sean mejores; por eso tiene tantísimo sentido cuando, cuidando la vida de tu fe, vas a misa, cueste lo que te cueste, todos los domingos; por eso tiene tantísimo sentido cuando rezas por tu vida y la de los demás, todos los días; por eso tiene tantísimo sentido cuando te metés la mano al bolsillo, y todo eso que con tremendo sudor te ha costado, lo compartís, comprando algo para un pobre, o acercando algo a ese pobre; por eso tiene tantísimo sentido la vida. Por eso, sólo por eso, porque no se la quita, se la da, se la ofrece.

He aquí el hombre, dijo Pilato. Entonces, nosotros, viendo a ese Hombre, modelo de la humanidad, tenemos que aprender a dar la vida, no tenemos que seguir en el ahora de todo el mundo, sumergiéndonos en el “sin sentido” de la nada. Porque nosotros no estamos para la nada, estamos para el todo, para Dios, para su amor, para su infinita misericordia. Por eso quedan atrás nuestros pecados, por eso quedan atrás nuestros males, por eso para Dios no cuentan nuestras culpas, para Dios cuenta nuestra vida.

Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Entonces no podés vivir como un mezquino, siendo un egoísta que te encerrás en tu casa por miedo. O que sólo rezás por vos, pensando sólo en vos, buscás todo sólo para vos y vivís unicamente para vos. Ese no es cristiano, perdió su cristianismo andando la vida, mató su bautismo,adhiriéndose al mundo, y siguiendo al “príncipe de este mundo”, el “padre de la mentira”, el que engaña, el que mata. Yo soy testigo de la Verdad, el queescucha mi vos es hijo de la Verdad, le dijo Jesús a Pilato, y el que escucha la Verdad de mi vos, me sigue.
Entonces hoy se pone, como en el antiguo testamento, delante nuestro, ante el pueblo de Israel (hoy la Iglesia, el nuevo Israel), la Vida o la muerte; Jesús o el príncipe de este mundo; la Verdad o la mentira; dar la vida o perderla.
Ojalá que no seamos tan tontos, tan tontos, y por tercera vez, tan tontos, de elegir la muerte, de elegir el “sin sentido”, de elegir la mentira. Tenemos la posibilidad de elegir la vida, el amor, la verdad.
Que podamos elegirla, que podamos elegir a Jesús, que podamos seguir a Jesús, no perdiéndo la vida, sino como Él, dándola en abundancia.

María que dió carne a la Vida, María que dió su pureza al cordero inocente el día que también acompañó hasta la cruz a su Hijo, dando también ella su vida, que nos auxilie para elegir también la vida, el amor, la verdad; Jesús.

Amén.